sábado, 30 de mayo de 2009

PRIMERO de Junio: Día internacional de la infancia.

Por Rodrigo Motas Tamayo
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Desde su altura de dos años, mi sobrina ríe con la ingenuidad de su corta edad y con la seguridad que solo nuestro sistema social puede entrañar para los más pequeños de casa desde hace cinco décadas, pese a las carencias de un bloqueo que no respeta las vidas de esos que saben querer.
Sin preocupaciones ninguna, no hay motivo para que las tenga, llena la casa de alegría y travesuras desde que se levanta, como hoy, que la veo sonreír porque en sus balbuceos de ¨ pequeño príncipe ¨ me dijo que es su día.
Se que ella no puede ni imaginarlo por su corta edad, pero me enorgullezco de saber que el Estado Cubano hace cinco décadas atrás abrió en el año puertas para que todos los días sean sus días. Y lo digo con razones por que ahora es ella, pero antes fueron mis hijos y mis otros sobrinos.
Desde que estaba en el vientre materno ha tenido los cuidados y la preocupación constante de médicos y enfermeras, nunca han faltado las medicinas para sus tratamientos en caso de enfermedad, y ahora que crece, comparte sus travesuras cotidianas y el aprendizaje con sus compañeritos del programa Educa tu hijo.
Mañana estará en una escuela primaria, secundaria, preuniversitaria y a la vuelta de la esquina, como se dice por acá, colgará su título en la pared de la sala como miles de cubanos después del triunfo de la Revolución y vestirá de médico, enfermera o maestra, o de cualquier otra profesión que la haga útil a la sociedad y le permita ser solidaria con otros hermanos del mundo.
Cierto es que ver los niños y niñas de hoy empinarse por el tiempo entre escuelas seguras y con todo para aprender, sin que les falten libretas, lápices, mesas, aulas y maestros nos entristece el alma al recordar que sus abuelos se peinaron de canas sin el pan de la enseñanza porque vivieron tiempos en que se les exprimían las riquezas por gobiernos entreguistas.
Mi sobrina sonríe feliz en este Día internacional de la infancia y no sabe que actualmente 600 millones de niños y niñas en el mundo viven en la pobreza; que 130 millones no reciben educación y otros seis sufren las secuelas dejadas por las guerras o conflictos armados.
Mi sobrina no sabe que cada 24 horas, ocho mil 500 muchachos se contagian con el SIDA; en su corta edad no sabe tampoco que el bloqueo económico de Estados Unidos contra la Isla afecta el buen desarrollo y pleno crecimiento de los infantes de nuestro país.
Aún ella no puede saberlo, solo sabe que para donde quiera que mira o va, tiene la seguridad de llevar la alegría con ella y cuando dice Fidel me señala el circulo infantil de la esquina donde en letras grandes la invitación se adueña del barrio. Para un príncipe enano, se hace esta fiesta.

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